Salir de las deudas rara vez falla por falta de voluntad. Falla porque se empieza sin saber exactamente cuánto se debe, porque se siguen sumando cargos nuevos mientras se paga lo antiguo o porque se elige una solución rápida que alarga el problema años.
Este artículo es el plan completo, de principio a fin: cómo hacer inventario de lo que debes, cómo saber si tu nivel de deuda es peligroso, cómo cortar la deuda nueva, en qué orden pagar, de dónde sacar dinero extra y cuándo tienen sentido herramientas como la reunificación o la Ley de Segunda Oportunidad.
Paso 1: haz inventario de todas tus deudas
Mucha gente sabe cuánto paga al mes, pero no cuánto debe en total ni cuánto le cuesta cada deuda. Sin esa foto completa, cualquier plan es a ciegas. Reúne los contratos, los extractos de las tarjetas y la app de tu banco y apunta cada deuda con cuatro datos:
- Saldo pendiente: lo que te queda por pagar hoy, no lo que pediste al principio.
- TAE: el coste real anual, con intereses y comisiones. Es la cifra que permite comparar deudas entre sí.
- Cuota mensual: lo que pagas cada mes, o el mínimo obligatorio en el caso de las tarjetas.
- Plazo restante: cuántos meses faltan para terminar, si el contrato lo fija.
Así quedaría el inventario de una persona con cuatro deudas de consumo:
| Deuda | Saldo y TAE | Cuota mensual |
|---|---|---|
| Tarjeta revolving | 2.400 € al 22 % | 60 € |
| Préstamo personal | 3.500 € al 11 % | 120 € |
| Préstamo del coche | 9.000 € al 8 % | 220 € |
| Móvil a plazos | 600 € al 0 % | 50 € |
En total, 15.500 € de deuda y 450 € al mes en cuotas. Lo importante de la tabla no es la suma, sino ver juntas las TAE: la deuda más pequeña en cuota es la más cara con diferencia. Si quieres entender qué deudas tienen sentido y cuáles no, el artículo sobre deuda buena y deuda mala lo explica con ejemplos.
Paso 2: calcula tu ratio de endeudamiento
El ratio de endeudamiento es el porcentaje de tus ingresos netos mensuales que se va en pagar deudas, incluida la hipoteca. Se calcula con una división: cuotas mensuales ÷ ingresos netos × 100.
No existe un límite legal, pero los bancos en España suelen tomar como referencia no superar el 35 % de los ingresos netos, y por encima del 40 % la situación se considera de riesgo. Con el ejemplo anterior y un sueldo neto de 1.800 €, las cuatro deudas suponen el 25 %. Si además hay una hipoteca de 450 €, el ratio sube al 50 %: la mitad del sueldo comprometida antes de pagar la luz o la compra.
- Por debajo del 35 %: la situación es manejable. Con un plan ordenado puedes salir sin ayuda externa.
- Entre el 35 % y el 50 %: estás al límite. Cualquier imprevisto te obliga a tirar de tarjeta, así que conviene actuar ya.
- Por encima del 50 %: es difícil salir solo recortando gastos. Aquí empiezan a tener sentido la negociación con el banco y las herramientas del paso 6.
Si quieres una visión más amplia de tu situación, el test de salud financiera te da una puntuación en pocos minutos y te dice en qué áreas flojeas.
Paso 3: deja de generar deuda nueva
Pagar deudas mientras se abren otras es como achicar agua sin tapar el agujero. Antes de acelerar los pagos, corta las vías por las que entra deuda nueva:
- Las tarjetas revolving: son la trampa más cara. Con 2.400 € al 22 % y una cuota de 60 €, unos 44 € de cada pago se van en intereses. Tardarías más de seis años en liquidarla y pagarías unos 4.370 € en total. Si subes la cuota a 120 €, terminas en algo más de dos años y pagas unos 3.020 €.
- El "compra ahora, paga después": fraccionar en tres o cuatro plazos sin intereses parece inofensivo, pero varias compras pequeñas fraccionadas a la vez se convierten en una cuota fija que no ves venir.
- El descubierto y los adelantos de nómina: son préstamos caros disfrazados de comodidad.
Respecto a las revolving, en 2023 el Tribunal Supremo fijó que el interés puede considerarse usurario cuando supera en más de seis puntos el tipo medio de mercado de este tipo de tarjetas, que según ASUFIN rondaba el 23 % en 2025. Si tu tarjeta está muy por encima, consulta a una asociación de consumidores antes de seguir pagando sin más.
Para que dejar de usar crédito sea viable, necesitas un presupuesto que cubra tus gastos reales del mes. Si no lo tienes, empieza por el artículo sobre cómo hacer un presupuesto personal.
Paso 4: elige en qué orden pagar
Con el inventario hecho, la regla es sencilla: pagas la cuota mínima de todas las deudas y destinas todo el dinero extra a una sola. Cuando la terminas, sumas su cuota a la siguiente. La única decisión es por cuál empezar:
- Método bola de nieve: empiezas por la deuda de menor saldo. Ganas victorias rápidas y eso mantiene la motivación.
- Método avalancha: empiezas por la deuda con la TAE más alta. Es la opción que menos intereses te hace pagar en total.
En el ejemplo, la avalancha empezaría por la tarjeta revolving y la bola de nieve por el móvil a plazos. Ninguna es incorrecta: la mejor es la que vas a mantener. Tienes un ejemplo completo con números y la comparación entre ambas en el artículo sobre el método bola de nieve.
Paso 5: libera dinero extra para las deudas
Las cuotas mínimas solo mantienen la deuda bajo control. Lo que la elimina es el dinero extra que añades cada mes. Estas son las fuentes más habituales:
- Suscripciones y gastos recurrentes: revisa los cargos de los últimos tres meses. Plataformas, gimnasio o apps que no usas pueden sumar 30 o 40 € al mes.
- Los gastos pequeños del día a día: cafés, comida a domicilio o compras impulsivas suelen ser el mayor margen. El artículo sobre gastos hormiga te ayuda a localizarlos.
- Seguros y suministros: comparar el seguro del coche, la tarifa de luz o la del móvil una vez al año puede ahorrar cientos de euros sin cambiar tu vida.
- Ingresos puntuales: la paga extra, la devolución de la renta o vender cosas que no usas pueden ir directamente a la deuda más cara.
Fija la cantidad extra como un pago automático el día que cobras, igual que si fuera una factura más. Lo que queda en la cuenta a final de mes casi nunca llega a la deuda.
Paso 6: reunificación, negociación y Ley de Segunda Oportunidad
Cuando el ratio de endeudamiento está muy alto o ya te cuesta pagar las cuotas, el plan anterior puede no ser suficiente. Hay tres herramientas, de menos a más drástica:
- Negociar con el banco: pedir una carencia, ampliar el plazo o cambiar las condiciones antes de dejar de pagar. Es el primer paso y el que menos daño hace a tu historial. Lo explicamos en detalle en el artículo sobre cómo negociar con tu banco.
- Reunificar deudas: juntar varias deudas en un solo préstamo con una cuota más baja. Alivia el mes a mes, pero suele hacerlo alargando el plazo, así que a menudo acabas pagando más intereses en total.
- Ley de Segunda Oportunidad: permite a particulares y autónomos de buena fe que no pueden pagar pedir a un juez que cancele parte o la totalidad de sus deudas. Desde la reforma de 2022 (Ley 16/2022) se puede solicitar con un plan de pagos, sin tener que liquidar antes todo el patrimonio, y también cubre parte de las deudas con Hacienda y la Seguridad Social, con límites.
Cuidado con la reunificación con garantía hipotecaria: algunas ofertas convierten deudas de consumo en una ampliación de la hipoteca. La cuota baja mucho, pero pasas a pagar a 20 o 30 años lo que debías a cuatro, y tu vivienda queda como garantía de lo que antes eran compras con tarjeta. Antes de firmar, compara el coste total de lo que pagarías con y sin reunificar, no solo la cuota mensual.
Cuando ya has salido: cómo no volver a caer
El último pago es un gran momento, pero también el más delicado. Sin un colchón, el primer imprevisto vuelve a ir a la tarjeta. Por eso, la cuota que acabas de liberar debería tener un destino inmediato:
- Primero, el colchón: sigue apartando la misma cantidad cada mes hasta tener un fondo de emergencia de al menos tres meses de gastos.
- Después, tus metas: una vez cubierto el colchón, esa misma cuota puede ir a tus objetivos de ahorro o inversión.
- Revisa las tarjetas: si no puedes controlar una tarjeta revolving, cancélala o pásala a modalidad de pago a fin de mes.
Lo que has aprendido saliendo de las deudas, como saber cuánto debes, cuánto te cuesta y adónde va cada euro, es exactamente lo que te protegerá en adelante. La diferencia es que ahora ese dinero trabaja para ti y no para los intereses.